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18 junio 2012 1 18 /06 /junio /2012 11:00

Por: Carola Pozo Cortez

te-quiero-pa.jpgAyer, 17 de Junio se recordó tanto en la Argentina como en otros paises de nuestra amplia geografía el DIA DEL PADRE.

 

Quiero rendir un homenaje a todos los padres del mundo y muy especialmente al mío y quién escribió exactamente mi pensar y mi sentir con respecto a la imagen de un padre, es el Sr. Sergio A. Ortega.

 

Quiero compartir contigo lo que él escribió:


UN PARÉNTESIS EN HONOR A LOS PADRES

 

 

Por: Sergio Arturo Ortega Alvarado

 

 

(Ser Sembrador)

 

        En este día del Padre, y con la ausencia, por la muerte del mío, desde aquí le digo: “Los años pasan, el tiempo llega. Y el orgullo de vivir un año más, es el orgullo de aceptarnos, y de cuidarnos, para vivir más y darte vida en el recuerdo. Es el momento de darle gracias a Dios y gracias a la vida. Porque aunque ya no estás con nosotros, ¡Si estas! Porque aunque ya no vives, ¡Si vives! Porque aunque ya no te veo, ¡Si te siento! Porque aunque ya no te puedo tocar, ¡Si te puedo amar! ¡Muchas felicidades, Papá, por otro año, de muchos más, de ausencia con presencia!

 

Se bien que nunca te irás: ¡porque yo mismo soy tu presencia en tu ausencia! ¡Soy tu vida en tu muerte! ¡Soy tu ser en mi ser y existir!, ¡soy el fruto de tu semilla! ¡Que Dios te bendiga, papá!

 

        Cada vez que es día del padre, recuerdo a mi padre, más, y con mucho agradecimiento. Por eso quiero platicarles, amigos y amigas mías, como mi padre, de una forma muy sutil, me indujo al mundo de la lectura, la imaginación y la creatividad: “cuando yo era muy pequeño, (de edad, porque de tamaño siempre lo he sido): todos los Domingos, cuando desayunábamos, nos sentábamos casi en círculo, como si fuéramos un equipo de futbol y sus entrenadores, (porque somos 11 hermanos). De esa forma, mi padre acostumbraba leernos el periódico. Y lo hacía de una manera tan emotiva y especial, que yo sentía que mi padre nos hacía trampa, porque creía, que el si veía todo lo que nos leía, y que a nosotros solo nos hacía imaginarlo. Pero un día, sin que mi padre se diera cuenta, cuando empezó a leer, me puse detrás de él, para ver lo que veía. Y me lleve una sorpresa, porque yo esperaba encontrar una serie de imágenes, en secuencia, como si fueran dibujos animados. Y en lugar de encontrar imágenes, solo vi letras y palabras. A partir de ahí; descubrí que las letras tienen vida, y que las palabras tenían imágenes. Y que según las acomodaras, te permitían crear y escribir historias. De esa manera, mi padre Teodoro, nos enseño a escuchar, observar, imaginar y crear, induciéndonos en la lectura, de una manera muy inteligente. En otro pasaje de mi vida, con mi padre, fue cuando me hizo comprender que las matemáticas eran sencillas. ¿Sabes que hacía?. Como mi padre era curtidor de pieles. Las pieles, para venderse, ya acabadas, se medían en decímetros cuadrados. Y cuando escribías de 50 a100 números en suma, tenías que hacer la suma, para saber cuánto costaban. Mi padre me ponía a hacer esas sumas, y cuando las revisaba y estaban bien, me hacía sentir, como si hubiera logrado algo importantísimo. Por eso sé que enseñar matemáticas, puede ser el mejor motivador, y no el martirio que en ocasiones te hacen sentir, cuando no respondes rápidamente el famoso 8 x 8. No te bajan de burro, tonto y a veces hasta idiota. Y mi padre, no. El me hizo sentir a las matemáticas, como algo fácil y agradable.

 

Pero…, fíjate…, que paradójica es a veces la vida. Mi padre me enseño eso, y mucho más. Y en mi inquieta adolescencia final, mi relación, padre-hijo, cambio completamente. Porque mi padre se convirtió en mi enemigo a vencer; tal vez porque no me daba todo lo que yo quería, y yo no lo comprendía. Por eso quería derrotarlo en algo, quería demostrarle que yo ya era mejor que él. En una ocasión, de manera retadora y casi desafiante, le dije: ¡vamos a ver quién es el mejor! -le dije-, vamos a ver quien resuelve más rápido esta suma de 100 cifras. Son las mismas cifras en cada hoja. Y el que acabe primero, es el mejor. Yo estaba decidido a demostrarle, a mi padre, que él ya estaba viejo. Y utilizaba la palabra, viejo, porque a mi querido padre, le molestaba mucho que le dijeran viejo. No saben cuánto me duele recordar esto y en este día, cuando en su cara se reflejo la molestia y en dolor, por lo que yo decía. Y aún así…, acepto.    

 

Cuando empezamos a resolver la suma; a mí me paso algo muy bonito. Primero empecé a sentir, enojo, odio y rencor hacia mi padre, y ansiaba terminar antes que él, para demostrarle que ya era viejo. Pero a medida que lo veía, y notaba que su ser era más lento, hubo una especie de conversión en mí: ¡Dios me hizo entender! ¡Que mi padre era lento!, ¡porque mi conducta provocaba esa lentitud!; ¡Que mi padre era viejo!, ¡porque yo me robe su tiempo!; ¡Que mi padre era menos sabio!, ¡porque su sabiduría la había compartido conmigo! Y yo; estúpidamente, quería vencerlo con lo que él mismo me había regalado. Eso me hizo reflexionar con ternura hacia mi padre. Yo ya había terminado, y empecé a Sentía que lo amaba mucho. Y aunque no me enseño a decirlo. Si me enseño a hacer acciones de bondad. Y en lugar de decirle que ya había terminado, me quede callado. Y cuando mi padre terminó, simplemente me dijo: ya termine. Yo sentía ganas de llorar, ¡porque hice mal en desafiarlo! Y con cierta dificultad para hablar, por el sentimiento y la ternura que me causo mi padre, le dije, casi con lagrimas en mis ojos: - -Papá…, yo ya había terminado antes que tú…, y no dije nada…, porque nunca voy a ser mejor que tú- Y empecé a llorar, sin poderle decir que lo amaba. Porque en nuestra familia, era difícil expresarse de esa manera.

 

Si tú; amigo o amiga, tienes a tú papá: ¡voltea a él! ¡Acércate a él!; ¡perdona lo que debas perdonar y amalo como debas amarlo! ¡Porque cuando ya no están…, es difícil estar sin ellos! ¡Porque cuando quieras compartir tus logros y tu felicidad, lamentarás mucho su ausencia! ¡Y valora más aún, a la mujer que esta viviendo; o ha vivido, por amor y responsabilidad, el papel del papá.

 

Porque cuando ya no están con nosotros, te tienes que resignar a solo decir. ¡¡Padre!! Donde quiera que estés: ¡Te amo!... ¡Gracias!... ¡Muchas gracias!

 

Y si ahora esta: ¡búscalo!, ¡acércate!, ¡háblale!, ¡invítalo!, ¡llévale!, ¡sorpréndelo! y dile: ¡Te amo, papá! ¡Gracias! ¡Muchas gracias! ¡Voy a estar más seguido contigo! ¡Bésalo, porque en las ausencias, ya no lo puedes tocas; solo lo podrás amar! 

¡Que Dios los bendiga!

 

 

¡Uds. Valen Mucho! Y ¡feliz día del padre!   

 

 

DURANGO, DURANGO. 

 

Facebook: Sergio Arturo Ortega Alvarado

 

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Published by CAROLA - en Artículos
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