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3 agosto 2011 3 03 /08 /agosto /2011 02:49

EL  HOMBRE  QUE  CALCULABA

 

El encuentro con un rico jeque, malherido y hambriento. La propuesta que hizo sobre los ocho panes y cómo se resolvió el reparto equitativo de las ocho monedas.

Las tres divisiones de Beremiz: la división simple, la división cierta y la división perfecta.

 

camelloSalem Nasair era uno de los más ricos mercaderes de Bagdad cuya caravana fue saqueada por ciertos beduinos. Este infeliz, herido y hambriento pedía socorro.  Beremiz (el Hombre que Calculaba ) y un acompañante que pasaban por el lugar fueron en su ayuda.

Nasair pidió algo de comer. Beremiz tenía cinco panes y su acompañante tres.

- Pues bien, sugirió el jeque, yo os ruego que juntemos esos panes y hagamos un reparto equitativo. Cuando llegue a Bagdad prometo pagar con ocho monedas de oro el pan que coma.

Así lo hicieron.

Al día siguiente entraron en la célebre ciudad de Bagdad, perla de Oriente. Salem Nasair les dijo:

-Quiero repetir mi agradecimiento por el gran auxilio que me habéis prestado. Y para cumplir la palabra dada, os pagaré lo que tan generosamente disteis.

Y dirigiéndose al Hombre que Calculaba  le dijo:

- Recibirás cinco monedas por los cinco panes y volviéndose al acompañante añadió:

- Y tú ¡ Oh bagdalí !, recibirás tres monedas por los tres panes.

Más para sorpresa de todos los presentes, el Calculador objetó respetuoso:

- ¡ Perdón, oh, jeque ! La división hecha de ese modo, puede ser muy sencilla, pero no es matemáticamente cierta. Si yo entregué 5 panes he de recibir 7 monedas y mi compañero bagdalí, que dio 3 panes, debe recibir una sola moneda.

- ¡Por el nombre de Mahoma !  ¿cómo se puede justificar tan disparado reparto?

Si aportó con 5 panes ¿por qué exige 7 monedas? y si el acompañante contribuyó con 3 panes ¿por qué afirma que él debe recibir sólo una moneda?

El Hombre que Calculaba se acercó y habló asi:

- Voy a demostraros ¡ Oh visir !, que la división de las 8 monedas por mí propuesta es matemáticamente cierta.

Cuando durante el viaje, teníamos hambre, yo sacaba un pan de la caja en que estaban guardados, los dividía en tres pedazos y cada uno de nosotros comía uno. Si yo aporté 5 panes, aporté, por consiguiente, 15 pedazos ¿no es verdad?. Si mi compañero aportó 3 panes, contribuyó con 9 pedazos. Hubo así un total de 24 pedazos, correpondiendo por tanto 8 pedazos a cada uno. De los 15 pedazos que aporté, comí 8; luego di en realidad 7. Mi compañero aportó, como dijo, 9 pedazos, y comió también 8; luego sólo dio 1. Los 7 que yo di y el restante con que contribuyó el gagdalí formaron los 8 que correspondieron al jeque Salem Nasair. Luego, es justo que yo reciba siete monedas y mi compañero sólo una.

La demostración presentada por el matemático era lógica, perfecta e incontestable. Sin embaro, si bien el reparto resultó equitativo, no debió satisfacer plenamente a Beremiz, pues añadió:

- Esta división, que yo he propuesto, de siete monedas para mí y una para mi amigo es, como demostré ya, matemáticamente clara, pero no perfecta a los ojos de Dios.

Y juntando las monedas nuevamente las dividió en dos partes iguales y las repartió cuatro para el acompañante y cuatro para él.

Este hombre es extraordinario sostuvo el visir. No aceptó la división propuesta de ocho dinares en dos partes, de cinco y tres respectivamente y demostro en cambio que tenía derecho a percibir siete y su compañero tenía que recibir sólo un dinar. Pero luego dividi las 8 monedas en dos partes iguales y una de ellas le da a su acompañante.

- ¡Mac Allah ! Este joven, aparte de parecerme un sabio y habilísimo en los cálculos de Artimética, es bueno para el amigo y generoso para el compañero.

- Poderoso Visir, dijo el Hombre que Calculaba, veo que acabáis de realizar con 29 palabras y con un total de 135 letras, la mayor alabanza que oí en mi vida, y yo, para agradecéroslo tendré que emplear exactamente 58 palabras en las que figuran nada menos que 270 letras. ¡ Exactamente el doble! ¡Que Allah os bendiga eternamente y os proteja! ¡Seáis vos por siempre alabado !

La habilidad de Beremiz llegaba hasta el extremo de contar las palabras y las letras del que hablaba y calcular las que iba utilizando en su respuesta para que fueran exactamente el doble.

 

Fuente: El Hombre que Calculaba, Malba Tahan

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Published by CAROLA - en Artículos
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